¿Tus decisiones dependen de tí, o de tus circunstancias?

Posted by on Jun 8, 2015 in Análisis fundamental | 2 comments

¿Tus decisiones dependen de tí, o de tus circunstancias?

¿Te ha pasado alguna vez que has dicho, si sucede algo, haré esto, y luego, cuando pasa lo que esperabas, haces otra cosa? Es algo normal. Cuando decimos lo que vamos a hacer en el futuro, no estamos sientiendo lo que sentiremos entonces y, por tanto, no siempre reaccionamos como esperábamos. Quizá, cuando vas al supermercado con hambre y un producto que no tenías en la lista de la compra llama la atención de tus ojos y tu estómago, no suponga un gran problema comprarlo, pero si te sucede algo así en la Bolsa, puede que sí lo sea.

Por ejemplo, si hacemos value investing, no sería raro que las acciones que hemos comprado bajen después de hacerlo. A lo mejor, cuando analizamos la empresa nos decimos a nosotros mismos que si después de comprar acciones, éstas bajan, no nos vamos a preocupar y vamos a mantenerlas si los fundamentales siguen siendo buenos y el precio atractivo. Sin embargo, es posible que cuando llevemos un -25% nos entre el pánico y vendamos.

De este efecto habla James Montier en su libro Behavioural Investing; y lo llama Empathy Gaps. El texto a continuación es una traducción mía de ese fragmento.

Empathy Gaps

Además de sobreestimar la influencia de las situaciones emocionales en intensidad y duración (impact bias), la gente minusvalora la influencia de las situaciones emocionales tras tomar una decisión (empathy gaps). Es éste, precisamente, el sesgo más común en los mercados financieros. Podemos estar aquí sentados a la luz del día y decir que cuando una acción llegue a X euros venderemos, o que venderemos si la compañía saca un profit warning. Sin embargo, cuando la cotización llega a X euros o la empresa saca un profit warning, descubrimos, de repente, que nuestras decisiones son muy diferentes a las que habíamos pensado tomar.

 

Estos empathy gaps han sido documentados en muchas situaciones. Un buen ejemplo viene de Van Boven y Loewenstein (2003), que pidieron a un grupo de personas que se imaginaran que estaban perdidos en el bosque. Se les preguntó entonces si les parecería más desagradable sentirse sedientos o hambrientos, y si se arrepentirían más de no llevar agua extra en vez de comida extra. Algunos de los participantes acababan de venir del gimnasio, y otros iban justo después. Como recompensa por participar en el estudio se les dio una botella de agua a ambos grupos.

bebiendo agua en el gimnasio

Entre los que todavía no habían ido al gimnasio, el 61% de los participantes pensó que si fuese un senderista perdido en el bosque, la sed sería lo más importante, y se arrepentirían de no haber llevado más agua en lugar de comida. Sin embargo, el 92% de los que acababan de venir del gimnasio pensaban que la sed sería lo más importante y se arrepentiría de no haber llevado más agua, en lugar de comida.

Resulta curioso ver cómo entre aquellos que tienen sed porque han practicado deporte hay un porcentaje mucho mayor de personas que piensan que es más importante el agua que la comida, comparado con el porcentaje de los que todavía no han practicado deporte. Y no es una cuestión de personalidad. Lo que les influye es tener sed en ese momento. Seguramente, si a estas mismas personas les preguntáramos en un momento en el que no tienen sed, el porcentaje de los que eligen el agua descendería. De igual forma, entre los que no tienen sed, de preguntarles después de hacer ejercicio en vez de antes, el porcentaje aumentaría. 

Read y Van Leeuweb (1998) tuvieron un resultado similar. Pidieron a los trabajadores de una oficina elegir entre un snack sano (fruta) o uno no tan sano (patatas fritas y chocolate). Los snacks que habían elegido se entregarían una semana después. Algunos trabajadores recibirían su snack a mediodía (cuando es de esperar que tengan hambre) y otros después de comer (cuando es de esperar que estén saciados). A algunos trabajadores se les preguntó qué snack preferirían después de comer, y a otros qué snack preferirían al mediodía.

snack manzana

La idea básica es que las patatas fritas y el chocolate serán relativamente más atractivos para la gente que tiene hambre en ese momento. Sin embargo, el comportamiento óptimo debería depender, únicamente, del hambre que tendremos en el futuro y no en el pesente. Aun así, los resultados demuestran que no es el caso, como podemos ver a continuación.

 

Incluso cuando se dijo a la gente que recibirían el snack después de comer, los que tenía hambre cuando hicieron la elección del snack, eligieron de forma más habitual el snack insano, mientras que ocurrió lo contrario con aquellos que ya estaban llenos, que eligieron el snack sano en un porcentaje mucho mayor. Los resultados muestran que la gente tiende a extrapolar su estado emocional actual al futuro. La gente con hambre no se puede imaginar estando satisfecha, y la gente satisfecha no se puede imaginar estar con hambre.

Así que, todas las evidencias apuntan a que la gente sobrestima el impacto de las emociones en sus sentimientos, pero minusvalora el impacto de las emociones en sus elecciones y en sus preferencias. Desde un punto de vista psicológico, esta reacción ayuda a resaltar las diferencias entre los sentimientos y las elecciones.

 

De hecho, Van Boven y Kane (2005) sugirieron que es la diferencia entre ambas los que lleva a tener reacciones diferentes. Dicen que la gente espera que los sentimientos fluctúen a lo largo del tiempo, pero que esperan que sus elecciones o decisiones sean constantes. Lo explican de la siguiente forma:

 

“A la gente no le resultaría raro si su mejor amigo se despierta alegre, se aburre en clase por la mañana, está gruñón durante una discusión a la hora de la comida, avergonzado a la hora de hacer una presentación en público, y orgulloso al recibir un sobresaliente en un examen”.

 

Sin embargo.

 

“A la gente le parecería raro si su mejor amigo decidiera bailar en frente del público por la mañana, se negara a hacerlo a la hora de comer, y estuviera de nuevo dispuesto a bailar a la hora de cenar”.

 

La gente piensa que tiene tendencia a hacer ciertas elecciones o tomar ciertas decisiones. Es decir, que las decisiones reflejan la naturaleza de las personas que las toman, en lugar de reflejar la situación en la que se encuentran. Ya hemos hablado de que todos solemos pensar que las acciones de los demás reflejan su “personalidad” o su disposición intrínseca, mientras que pensamos que nuestras acciones son el resultado de la situación en la que nos encontramos. Y hacemos lo mismo con las decisiones. Solemos creer que las decisiones eflejan una naturaleza intrínseca y que no cambian. Sin embargo, la realidad es que nuestras decisiones son inestables, y cambian según influencias viscerales.

Conclusión:

De igual forma que en el experimento del snack lo importante es centrarse en qué sentiremos y qué necesitaremos cuando se nos dé el snack, y no ahora, también es importante hacer lo mismo con nuestra estrategia de inversión. Especialmente para aquellas en las que, probablemente, vamos a tener que soportar momentos en los que las cosas se pongan difíciles, como el value investing o el Buy&Hold. Como sabemos que nuestro estado de ánimo puede variar, hay que estar preparado mentalmente para lo que pueda venir en el futuro.

Por ejemplo, no es raro que si hacemos value investing invirtamos en empresas que no están de moda. Es más, seguramente estén bastante mal vistas en ese momento, y es probable que su precio baje. Al analizar la empresa podemos pensar que vale bastante más del precio al que cotiza. Sin embargo, si nos encontramos con que cae un 20% del precio al que compramos y que todo el mundo habla mal de ella, ¿qué haremos? Si realmente vale más lo lógico sería comprar más o, como mínimo, mantener. El problema es que es posible que, aunque en el momento del análisis, al entender que su valor era mayor al precio, éramos óptimistas con la empresa, al caer la cotización y oir sólo cosas malas, nuestro optimismo se vaya transformando en pesimismo. Y como al comprar no sabíamos cómo ibamos a sentirnos al ver caer las acciones, puede que tomamos una decisión equivocada. Y lo mismo puede suceder al alza. Si resulta que sube, quizá sintamos que tenemos que asegurarnos los beneficios y vender rápido.

Por todo ello, y aunque es obvio que no es posible (ni bueno) eliminar las emociones, sí que es importante ser consciente de su existencia, de cómo nos afectan, y de qué podemos hacer para evitar que nos perjudiquen.

Puedes comprar el libro Behavioural Investing en inglés pinchando aquí.

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2 Comments

  1. Como siempre, un análisis muy interesante. Me gustan mucho los libros relacionados con la bolsa pero que no van directamente de bolsa como este, creo que aportan mucho y ofrecen puntos de vista muy interesantes. Justamente hoy en mi blog he publicado un artículo hablando de porque no fiarse de los analistas de bolsa, basado en un libro de Montier jejeje. Dejo el enlace :)
    http://opinatron.com/analistas-bolsa/

    • Coincido contigo. Leer sobre cosas más allá de los números es realmente útil para invertir en Bolsa.

      Saludos.

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