La Beta y por qué el riesgo está en nosotros mismos

Posted by on Oct 22, 2015 in Pensamiento | 12 comments

La Beta y por qué el riesgo está en nosotros mismos

Llevo tiempo queriendo dedicar un artículo propio a la Beta, y antes o después lo haré. Por suerte, hay mucho texto sobre el asunto, y hasta que tenga el tiempo para escribir algo bueno, he leído cosas interesantes. Una de ellas es un artículo de Jason Zweig en el que habla de la beta, del riesgo, y de por qué el riesgo está en nosotros mismos.

Hablar de esto no es nada nuevo, y otros inversores, incluido Warren Buffett, ya han hablado de esta idea. De hecho, es famosa la frase de Buffett que dice que “el riesgo está en no saber lo que haces“. 

Aun así, quería ver el artículo de Jason Zweig por dos motivos. Uno, porque habla de ejemplos reales, y dos, porque cuenta una experiencia propia. 

El siguiente texto es una traducción mía del artículo original de Jason Zweig que puedes leer en versión original pinchando aquí.

El riesgo no está en nuestros fondos, sino en nosotros mismos

Esta es la respuesta que di a una pregunta hecha por un lector relativa al riesgo. ¿Sigue siendo válida la respuesta hoy? Eso lo debes decidir tú.

 

Mail Bag, Nov. 19, 1999

 

Estimado Jason,

 

Cuando estoy intentando elegir un fondo, intento mirar la desviación estándar (o desviación típicia) y la beta -entre otras cosas-. ¿Cuánto peso debería dar a estas medidas de riesgo, y cuál debería usar?

 

Gracias.

 

Emrol

 

Estimado Emrol,

 

Si el verdadero riesgo fuera cuanto fluctúa una inversión, entonces sería inteligente poner mucha atención a medidas como ésas.

 

Desafortunadamente, el riesgo no es eso.

 

Al final, el riesgo no es cómo se comportan tus inversiones, sino cómo te comportas tú, y medidas como la desviación típica o la beta, no tienen más probabilidad de predecir el riesgo, de la probabilidad que tiene Donald Trump en ganar el Premio al Marido del Año de la Asociación Americana del Matrimonio. 

 

Hay dos tipos de riesgo que importan realmente. Uno es si entiendes una inversión en concreto tan bien como crees. El otro es si has anticipado correctamente cómo reaccionarás si resulta que tu análisis está equivocado. 

 

Éste es un ejemplo del primer tipo. A finales de 1993, Piper Jaffray Institutional Government Income Fund estaba batiendo al 99% de los fondos en el año en curso, así como en los últimos tres y cinco años. La beta de Piper, de 0,98%, era idéntica a la del Vanguard’s Total Bond Market Index Fund, y su desviación típica era de 3,93, un pelín superior a la de Vanguard, que era del 3,27. El fondo había ofrecido una rentabilidad enorme pero, a la vez, tranquila, lo que hacía que los inversores lo consideraran como un depósito con esteroides, que ofrecía cada año una rentabilidad de entre el 10% al 16%, sin importar lo que hicieran los precios de lo bonos. 

 

Sin embargo, el fondo de Piper estaba lleno de derivados esotéricos sobre hipotecas, como superfloaters inversos, Z bonds y similares. Cuando la FED subió el tipo de interés repentinamente en febrero de 1994, estos derivados explotaron, haciendo añicos al fondo y a sus inversores. Para finales de año, el fondo de Piper, con su controlada Beta, su baja desviación típica, sus cinco estrellas en Morningstar, y estando en el top de los rankings de Lipper, había perdido el 28% de su valor. 

 

Mucha pérdida para el poder predictivo de la desviación típica y la beta.

 

También fue una lección mortifera para el editor de fondos de Forbes, que había escrito un artículo glorificado este  fondo en la edición del 17 de enero de 1994. Yo era ese editor, y este desastre me enseñó que el verdadero riesgo no estaba en el fondo, sino en mí -siendo más específicos, en mi estúpida ilusión de que el futuro se parecería al pasado y de que cualquiera podría entender cómo los instrumentos financieros más complicados se comportarían bajo circunstancias sin precedentes. 

 

Hablemos ahora del segundo tipo de riesgo -la incapacidad de predecir tu reacción tras una decepción. Digamos que habías puesto 5.000 dólares en Van Wagoner Emerging Growth a finales de junio de 1996. De esta forma, apostabas a que las pequeñas compañías tecnológicas continuarían con la impresionante tendencia alcista, y que el fondo en cuestión también lo haría -el fondo había subido un 49,7% en sólo 6 meses-  a la vez que demostrabas que tenías los huevos pelados para soportar la alta volatilidad.

 

Entonces, en julio de 1996, las acciones de pequeñas empresas se hunden, y el fondo Van Wagoner Emerging Growth cae un 18,4%. De esta forma, tus 5.000 dólares pasan a ser 4.082 dólares en sólo cuatro semanas. Entras en pánico y vendes esa mierda antes de que puedas perder más dinero. El fondo vuelve a tener un mal año en 1997, un año normal en 1998, y un fabuloso 1999. En otras palabras, si hubieras sido capaz de manejar tu verdadero riesgo, es decir, el riesgo de entrar en pánico en el peor momento, habrías ganado un 136,9% en este periodo, versus el 120,2% del S&P 500.

inversor mirándose al espejo

Todo esto es una forma larga de responder a algo que puedo resumir de la siguiente forma: la mejor forma de medir el riesgo es ponerse delante de un espejo, mirar fijamente, y pensar profundamente sobre si has testeado tus ideas. ¿Cuál es la probabilidad de que hayas analizado una inversión correctamente? ¿Cuál es tu historial de acierto? ¿Qué harás si resulta que tu análisis estaba equivocado? ¿Cómo lucharás contra el pánico que te entrará en el peor momento?

 

Pensar profundamente sobre estas cuestiones te ayudará mucho más a manejar el riesgo en la inversión que cualquier medida cuantitativa que puedas aprender en los libros de texto financieros. 

 

Invertir no es una batalla contra los mercados, es una batalla contra tí mismo. El único riesgo real, y el único manejable, es no reconocer a tu verdadero enemigo. Como dijo Pogo: “Hemos conocido al enemigo, y él es nosotros“.

Conclusión:

Quizá los ejemplos elegidos por Zweig no sean los mejores, pero la idea es la misma, y es la poca utilidad de la beta y la volatilidad. Vale, es posible que en algunos campos la Beta sea útil. Cuando escriba sobre ello lo veremos, pero lo cierto es que para un estilo de inversión basado en fundamentales, no vale de mucho. De hecho, es posible que pueda llevar a confusión.

Otra idea clave, y muy repetida, es la de cómo gestionar los errores. Un error no es que las acciones o el fondo bajen, sino que el análisis o la decisión haya sido equivocado. Gestionar estos errores, y gestionar los aciertos que no funcionan temporalmente, es algo básico para invertir medianamente bien.

Puedes leer más sobre Jason Zweig pinchando aquí.

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12 Comments

  1. Hola LancasterGate,

    Muy buen artículo. Me encanta Zweig,un rayo de luz dentro del periodismo financiero. Un autor que jamás empezaría una frase tipo “The stock that will outperform the market in the next few years” o similar,lo cual sólo dice bondades sobre él.

    Salu2 Cordiales

    • Leer a Zweig es un placer. Tiene muchísimos artículos publicados, pero todos son de calidad, y no te cansas de leerlo.

      Saludos.

      • Para hackear los artículos de Zweig en el Wall Street Journal sin pasar por caja :
        1)Hacer búsqueda en google “Jason Zweig the wall street journal”
        2)Seleccionar el que quieras leer de la lista. Te redireccionan a al web del WSJ pero sólo tienes acceso a los titulares.
        3)Copiar titular y pegar otra vez en google. Clicar enlace…Y voilà!! :)

      • ¡Pedazo de truco! ¿Como no se han dado cuenta los del WSJ?

  2. No conocía a este autor. Pero lo apunto. Todo lo que dice es interesante y sobretodo coherente.

    Muchas gracias por la información.

    • A mí me gusta mucho Zweig. Combina muy bien la inversión y fundamentales con la psicología.

      Saludos.

  3. Hola compañero, en una ocasión le pregunte a un buen amigo como de útil consideraba en la práctica el uso de beta. Utilizando un humor caracteristico, esta fue su respuesta.

    “Betatomar por…”

    Abz,

    Jose

    • Jajajajaja. ¡Muy bueno!

  4. Ver una accion que has comprado caer desde su compra, es duro, y ahí reside el cuestionamiento interno de si tomaste una buena decision, pero la realidad es, que a la accion tu no le importas nada en absoluto y si realmente es una buena empresa, te has subido a su barco y si incrementas la posicion en la peor tormenta cuando amaine, seguiras subido. Es un simil marinero, pero a mi me sirve para entender que una accion no es un trozo de papel, sino una parte de la propiedad de un negocio, si compras un buen negocio en un crash bursatil es muy provable que hagas una buena inversion.

    • Y es muy importante entender eso de que una acción no es un trozo de papel. De hecho, hoy en día ya no es ni eso. Somos propietarios de la empresa, y si la compañía es buena y hemos entrado a buen precio, lo que haga éste es secundario. Eso sí, también hay que tener la cabeza suficiente para saber ver los errores.

  5. Muy interesante reflexión. No siempre se puede, pero una persona que vaya a LP y quiera tranquilidad, agradece tener una beta baja. Acciones volátiles como Ence a veces te ponen la nuez de corbata, pero con tiempo uno se acostumbra.

    Saludos!

    • Yo, la verdad, no miro la beta nunca. Y más o menos lo mismo con el precio de las acciones. Si que es cierto, que cuando compro sí la sigo más, pero porque está a un precio que me interesa y, si cae, aumento la posición. Una vez que se aleja del precio que me interesa, apenas sigo la cotización.

      Un abrazo.

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